Grandes Aventuras
Grandes Aventuras"Donde el mito se convierte en historia y el héroe se hace leyenda."En Grandes Aventuras, nos embarcamos en un viaje a través de los siglos para revivir las hazañas que dieron forma a nuestra civilización. No son solo cuentos viejos; son crónicas de supervivencia, honor y ambición que han sobrevivido al paso del tiempo.¿Qué encontrarás en este espacio?Héroes de Leyenda: Desde la furia indomable de Aquiles en las llanuras de Troya, hasta la astucia de Odiseo enfrentando monstruos en el mar.Viajes Imposibles: Acompañamos a los grandes exp...
El gran conde de Monte Parte 11
El arca se abrió. Estaba dividida en tres com¬partimientos.
En el primero brillaban escudos de dorados reflejos. En el segundo, barras casi en bruto, colocadas simétricamente, que no tenían de oro sino el peso y el valor. El tercer compartimien¬to, por último, sólo estaba medio lleno de di¬amantes, perlas y rubíes, que al cogerlos Ed¬mundo febrilmente a puñados, caían como una cascada deslumbradora, y chocaban unos con otros con un ruido como el de granizo al chocar en los cristales.
El gran conde de Monte Parte 10
Marsella, y todo con una exactitud que hacía mucho honor a su memoria.
Así, pues, el genovés fue quien se dejó enga¬ñar por Edmundo, al cual favorecía su dulzura, su pericia náutica y en particular su refinado disimulo.
¿Quién sabe, además, si el genovés era uno de esos hombres que tienen bastante talento para no saber nunca más que lo que deben saber, ni creer nunca más que aquello que les importa creer? En esta recíproca situación les sorpren¬dió la llegada a Liorna.
El gran conde de Monte Parte 9
Dantés tomó la lámpara, la colocó en la cabe¬cera de la cama, sobre una piedra que sobresal¬ía de la pared, de modo que su trémula luz alumbraba con reflejos extraños y fantásticos aquella fisonomía desencajada, aquel cuerpo inerte y aniquilado.
Con la mirada fija en él esperó valerosamente la ocasión de administrarle la medicina salva¬dora. Cuando creyó que había llegado esta oca-
sión, cogió el cuchillo, separó los dientes, que le ofrecieron menos resistencia que la vez ante¬rior, contó las doce gotas y esperó.
EL gran conde de Monte Parte 8
Ocupado en asegurarlo estaba Dantés, cuando de pronto oyó al abate Faria, que se había que¬dado en el calabozo del joven aguzando una clavija para asegurar la escala, oyó, repetimos, que lo llamaba con acento de dolorosa angustia. Acudió Dantés al punto y encontró al abate de pie en medio de la estancia, pálido, con las ma¬nos crispadas, e inundada la frente de sudor.
-¡Oh, Dios mío! -exclamó Dantés-, ¿qué suce¬de? ¿Qué tenéis?
-¡Pronto! ¡Pronto! -respondió el abate-, escu¬chadme.
Fijóse Dantés en su rostro lívido, sus ojos...
El gran conde de Monte Parte 7
He construido algunas. A excepción de lima, tengo todas las que necesito: escoplo, tenazas y palanca.
-¡Oh! Cuánta curiosidad tengo de ver esos productos de vuestra paciencia y de vuestra industria -dijo Dantés.
-Mirad, aquí traigo el escoplo.
Y diciendo esto, le enseñó una hoja de hierro fuerte y aguda: el mango era de madera.
El gran conde de Monte Parte 6
Acto continuo se puso en pie y cogió un co¬bertor que yacía a los pies de su miserable lecho para envolverse y recibir con mayor decencia a los recién venidos.
-¿Qué es lo que pedís? -le dijo el inspector sin alterar la fórmula.
-¿Yo, caballero...?, no pido nada -respondió el abate como admirado.
-Sin duda no me comprendéis -dijo el inspec-tor-. Yo soy un delegado del gobierno para visi¬tar las cárceles y atender las reclamaciones de los presos.
-¡Oh!, entonces es otra cosa, caballero
EL gran conde de Monte Parte 5
Los ojos de éste se humedecieron con una lágrima de orgullosa alegría; tomó la cruz y la besó.
-¿Qué órdenes -dijo- tiene Vuestra Majestad que darme en este momento?
-Descansad el tiempo que os haga falta, y te¬ned presente que si en París no podéis servirme en nada, en Marsella puede ser muy al contra¬rio.
-Señor -respondió inclinándose Villefort-, de¬ntro de una hora habré salido de París.
El gran conde de Monte Parte 4
En un momento que hicieron alto, procuró Edmundo recogerse en sí mismo, y darse cuen¬ta de su situación. Miró en derredor, y vio que se encontraba en un patio cuadrado de altísi-mas paredes; oíase a lo lejos el paso acompasa¬do de los centinelas, y tal vez cuando pasaban al resplandor proyectado en los muros por dos o tres luces que había dentro del castillo, veía brillar el cañón de sus fusiles.
Aguardaron allí como por espacio de diez minutos. Seguros de que ya no podría escapár-seles, los gendarmes habían abandonado a...
El gran Conde de Monte Parte 3
Marsella. Nunca he asistido a un tribunal, y me han dicho que es cosa curiosa.
-¡Oh!, sí, muy curiosa en efecto, señorita
-respondió el sustituto-, porque en lugar de una tragedia fingida, lo que allí se representa es un verdadero drama; en lugar de los dolores apa-rentes, son dolores reales. El hombre que se presenta allí, en lugar de volver, cuando se co¬rre el telón, a entrar tranquilamente en su casa, a cenar con su familia, a acostarse y conciliar pronto el sueño para volver a sus tareas al día siguiente, entra en una pri...
El gran conde de Monte Parte 2
Caderousse llevó el vaso a sus labios con ma¬no temblorosa, y lo apuró de un sorbo. Fernan¬do tomó el suyo y lo arrojó con furia al suelo.
-¡Vaya! -exclamó Caderousse-. ¿Qué es lo que veo allá abajo en dirección a los Catalanes? Mi¬ra, Fernando, tú tienes mejores ojos que yo: me parece que empiezo a ver demasiado, y bien sabes que el vino engaña mucho... Diríase que se trata de dos amantes que van agarrados de la mano. . ¡Dios me perdone! ¡No presumen que les estamos viendo, y mira cómo se abrazan!
Dangl...
EL gran Conde de Monte Parte 1
Mientras tanto, el buque seguía avanzando; habiendo pasado felizmente el estrecho producido por alguna erupción volcánica entre las islas de Calasapeigne y de Jaros, dobló la punta de Pomegue hendiendo las olas bajo sus tres gavias, su gran foque y la mesana. Lo hacía con tanta lentitud y tan penosos movimientos, que los curiosos, que por instinto presienten la des-gracia, preguntábanse unos a otros qué acci¬dente podía haber sobrevenido al buque. Los más peritos en navegación reconocieron al pun¬to que, de haber sucedido alguna desgracia, no debía de haber sido al buque...
Mis largas vacaciones Parte 4
El mismo. Una bala me rozó el hombro. Di un salto y me arrojé al río. En pocas brazadas, nadé sumergido, lo crucé, mientras Rock y Forbes conversaban en la otra orilla seguros de que me habían alcanzado y me habían mandado al fondo. Poco después salí de la maleza, donde me había ocultado, y corrí hacia el ángulo del acantilado. Oí unos ladridos, llamé y aquí estoy. Ahora todos nosotros tenemos que hacer lo posible por acabar con esos miserables.
Mis largas vacaciones parte 3
En tanto, continuaban siguiendo el reglamento que se habían trazado. Los mayores dictaban clases a los pequeños, y dos veces por semana se celebraban conferencias en las que Doniphan se complacía haciendo alardes de superioridad, cosa que no contribuía a hacerlo simpático más que a sus secuaces.
Él abrigaba la esperanza de suceder a Gordon en el gobierno de la isla. Creía que el mando le correspondía por derecho propio.
Los otros chicos no parecían estar dispuestos a elegirlo, aunque tampoco pensaban que Gordon conservaría su puesto. El americano...
Mis largas vacaciones parte 2
Salvando los mismos obstáculos, alrededor de las diez apareció en el horizonte una interminable hilera de árboles, más allá de los cuales, hacia el este, se extendía una playa, en la que morían las olas del mar entrevisto por Briant. Briant parecía el triunfador. Sin embargo, lejos de alegrarse, compartió la tristeza de todos. La presencia del mar probaba que se hallaban en una isla.
Comieron callados, y finalmente Briant exclamó:
-¡Partamos ya!
Los cuatro se disponían a emprender el regreso, cuando Phann echó a correr en dirección al agua, sin aten...
Mis largas vacaciones Parte 1
En la popa del Sloughi tres adolescentes, uno -de catorce años y dos de trece, además de un grumete de raza negra de doce, se hallaban situados junto a la rueda del timón procurando impedir que las embestidas del mar volcasen el yate. Rudo trabajo, porque la rueda, girando a pesar de sus esfuerzos hubiera podido arrojarlos por encima de los encordados.
Las aventuras de un niño valiente Parte 13
El movimiento del puerto, que es considerable, comprende la exportación de gran cantidad de mercancías, pizarras, cervezas, ganado y, preciso es decirlo, muchos emigrantes. ¡Cuántos de esos desgraciados irlandeses cogidos por la miseria que vuelven al país natal!
No hay por qué asombrarse de que un schooner, o sea una goleta, hay a abandonado el puerto de Londonderry, puesto que centenares de navíos suben y bajan diariamente por la bahía de Lough-Foy le. ¿Por qué había de llamar la atención la partida de la Doris, en medio de un vaivén marítimo que...
Las aventuras de un niño valiente Parte 12
¡Ah! Te acuerdas, Birk —le dijo su amo—. Kat, ¿no es verdad? La buena Kat.
Birk, y endo a la puerta, pareció no esperar más que una orden para correr a
toda velocidad en dirección al castillo.
Grip fue puesto al corriente del caso. Ninguna mejor que Kat. Era preciso hacerla venir. Se ocuparía de la cocina. No se la vería. No comprometería con su presencia la razón social Little boy and Co.
¿Pero estaba en Trelingar-Castle? ¿Vivía aún?
Las aventuras de un niño valiente Parte 11
Además, Bob había tenido una idea… sí… una idea muy ingeniosa, una idea suy a exclusivamente, que debía producir un ciento por ciento de beneficios explotándola en ese mundo de niños ricos, huéspedes habituales de las play as de Wicklow… una idea genial, en fin.
Bob, lo sabía por experiencia, era muy hábil para coger nidos, y éstos abundan en los árboles de los caminos de Irlanda.
Hasta entonces Bob no había sacado provecho alguno de estas habilidades. Una o dos veces solamente, y a cogiendo un nido de la copa de un hay...
Las aventuras de un niño valiente Parte 10
No hay para qué contar detalle por detalle la existencia de Hormiguita y de su amigo Bob durante los seis meses que siguieron a su llegada a Cork. El invierno largo y duro hubiera tal vez sido funesto a niños no acostumbrados a sufrir el hambre y el frío. La necesidad hizo un hombre de aquel mozuelo de once años. En otra época, en casa de la Hard, había vivido de nada; actualmente si vivía de poco, vivere parvo, conseguía vivir y Bob con él. En más de una ocasión, al llegar la noche, n...
Las aventuras de un niño valiente Parte 9
Dingle. La noche la pasaron en Killorglin.
El tiempo había sido malo, lluvioso y con viento todo el día. El siguiente fue malísimo. Granizos y huracanes durante las treinta millas que separan Valentía de Killarney, donde sus señorías, con un humor peor que el tiempo, pasaron la última noche del viaje.
Al día siguiente tomaron el ferrocarril y hacia las tres entraron en Trelingar- Castle después de una ausencia de diez días. El marqués y la marquesa habían dado fin a la excursión tradicional a los lagos de Kill...
Las aventuras de un niño valiente Parte 8
Las palabras fuertes no intimidaban al niño. Las había oído en casa de la Hard, con Thornpipe, en la Ragged-School. Pero como era conveniente, se quitó su gorra y avanzó hacia mister Scarlett, a quien no tomó por su señoría lord Piborne, dueño del dominio de Trelingar.
—¿Dirás lo que vienes a hacer aquí? —volvió a preguntar mister Scarlett—. Si quieres una limosna puedes marcharte. No doy a los andrajosillos de tu especie, no, ni un copper.
¡Qué de palabras inútiles, en medio de las que Hormiguita no lograba encontrar respuesta, apartándose...
Las aventuras de un niño valiente Parte 7
Hubiera sido, pues, prudente, que Murdock tomase serias precauciones, pero él se negaba a hacerlo. Abrasado de rabia, loco de desesperación, no era dueño de sí y amenazaba, empujando a los campesinos a la rebelión. Su padre y su hermano, arrastrados por su ejemplo, se comprometían con él. Nada era capaz de contenerlos. Hormiguita, temiendo ver aparecer la policía, pasaba los días vigilando los alrededores de la granja.
Entretanto, se vivía de los últimos recursos. Con objeto de procurarse algo de dinero, se habían vendido algunos muebles. ¡Y el invierno debía durar aún va...
Las aventuras de un niño valiente Parte 6
Pat llegó en lo más fuerte de la siega, que fue seguida de la recolección de legumbres. Él trabajaba como un gaviero de mesana, expresión de la que se servía y que fue preciso explicar a Hormiguita. Siempre había que explicarle el por qué de las cosas. No se alejaba de Pat que había hecho amistad con él, una amistad de marinero por su aprendiz. Cuando la jornada se había acabado, cuando todo el mundo estaba a la mesa para comer, ¡qué alegría sentía Hormiguita al oír referir al marinero sus viajes, los...
Las aventuras de un niño valiente Parte 5
En Kerwan, la familia MacCarthy llevaba una existencia laboriosa y metódica. Las granjas más cercanas estaban a una distancia de dos o tres millas. Entre los arrendatarios de aquellos distritos poco frecuentados de la baja Irlanda no hay relaciones de vecindad. Tralée, la capital del condado, se encontraba a unas doce millas, y Martin y Murdock sólo iban a ella cuando los negocios les
obligaban, los días de mercado. La granja dependía de la parroquia de Silton, situado a cinco millas, un pueblo de unas cuarenta casas, con cien habitantes. El domingo se enga...
Las aventuras de un niño valiente Parte 4
Era el principio del invierno. La cosecha estaba terminada. Poco o nada había que hacer fuera de la granja. En aquellos rudos terrenos la siembra del trigo, de la cebada y de la avena no se pueden efectuar al principio del invierno, cuy a extensión y rigor podrían comprometerla. Así es que Martin MacCarthy tenía la costumbre de esperar a los meses de marzo y abril para sembrar sus cereales, buscando las especies convenientes. Abrir el surco en un suelo que se hiela a varios pies de profundidad hubiera sido un trabajo tan duro como inútil.
Las aventuras de un niño valiente Parte 3
Miss Anna Waston vio en él al hijo de una gran señora, como en el drama corriente, un hijo al que, por razones desconocidas o por su posición social, su madre se había obligado a abandonar. Y de aquí forjó una novela que no brillaba por su novedad. Imaginaba situaciones que se podrían adaptar a la escena. Un drama de gran efecto. Ella lo representaría y sería el triunfo may or de su carrera artística. Se mostraría enloquecedora, sublime, etc., etc. Cuando estaba en tal diapasón, cogía a su ángel, le estrechaba...
Las aventuras de un niño valiente Parte 2
El niño estaba vergonzoso y temeroso. Ciertamente, de verle el terrible pertiguero, medio desnudo y lleno de harapos, no le hubiera permitido permanecer en la iglesia. Hormiguita quedó encantado de lo que oía: los cánticos de la misa, el acompañamiento del órgano, y de lo que veía: el sacerdote con sus ornamentos de oro, y los cirios encendidos en pleno día.
El niño no había olvidado que el cura de Westport le habló algunas veces de Dios; de Dios, padre de todos. Recordaba también que cuando Thornpipe pronunciaba este nombre era para mez...
Las aventuras de un niño valiente Parte 1
La historia sigue la vida de Dick, un joven irlandés huérfano que vive en una Irlanda marcada por la pobreza, la injusticia social y la lucha por la supervivencia. Dick no es solo un niño audaz, sino un personaje que personifica la resiliencia y el ingenio frente a la adversidad.
El Gran Leon Parte 10
¡Leonor! –exclamó el León de Damasco, acercándose vehementemente a ella.
La duquesa abrió sus bellísimos y profundos ojos y alargó los brazos, ciñendo el cuello del fuerte guerrero.
– ¡Tú, Muley!… ¡Has vuelto!
– ¡Sí, amor mío, y casi no llego a tiempo!
– ¿Qué hay de nuestro hijo?
El León hizo un gesto, desalentado.
–No ha sido posible salvarlo. El almirante veneciano no dispone de las suficientes fuerzas para librar un combate con la flota turca, que cuenta con trescientas galeras.
– ¿Continúa todavía a bordo de la nave almirante?
–Sí, Leonor. Pero esp...
El gran Leon Parte 9
Muley-el-Kadel apartó con el pie el armazón del enorme farol, que ya sólo despedía una luz blanquecina algo vacilante y se aproximó a la ventana, sosteniendo dos pistolas con las mechas encendidas.
– ¿Quién habla? –inquirió.
–Soy yo. El armenio Hassard.
– ¿Qué deseas?
–Notificaros que los kurdos exigen la cabeza del que mató al capitán de armas.
– ¿A nosotros, los emisarios del sultán? ¿A tanto llega su osadía?
¿Es que ya no acatan y obedecen las órdenes de Constantinopla?
–No sé contestaros, señor. Pero pretenden vengar a Sandiak.
El gran Leon Parte 8
Excesivo honor me hacéis, nobles señores –arguyó el astuto personaje.
–Bebe y luego conversaremos –repuso en tono autoritario Muley.
–Te oigo, effendi.
–Siéntate, Sandiak. A ti también he de hacerte una pregunta.
–A tus órdenes, señor –respondió el gobernador, tomando asiento junto a Nikola.
– ¿Cuántos detenidos hay en el castillo? –inquirió de pronto el León.
El gran Leon Parte 7
Vivimos de continuo con las armas en la mano por temor a un ataque inopinado de los turcos y nos entrenamos para ser buenos tiradores.
–Bien, carga y emprendamos la marcha hacia la ensenada de Capso. No deseo que cuando llegue el día continuemos aquí.
El albanés volvió a cargar sus pistolas y se puso en marcha detrás del griego, que avanzaba con rapidez.
–Aunque llegaremos tarde, llegaremos.
–Con los turcos pisándonos los talones.
– ¡Déjalos! Sabemos defendernos.
El gran Leon Parte 6
Siendo todavía muy joven dedicó por entero su vida al mar, al igual que solían hacer los hijos de los nobles de la Serenísima, iniciando largos viajes, en especial a Oriente, en donde siempre, o casi siempre, había oportunidad de entablar batalla con las flotas turcas que pirateaban por aquellos mares.
Cuando comenzó la guerra contra Turquía, el hábil y valeroso marino, ascendido a la categoría de Gran Almirante, a pesar de que tenía ya setenta y dos años, desempeñó un muy importante papel en la defensa de Chipre. Con escasas naves...
El Gran Leon Parte 5
Los turcos lo habían arrasado todo por medio del incendio, luego de haber exterminado a los pacíficos labriegos con las cimitarras y disparos de arcabuz. De aquella manera preparaban los invasores el campo abonándolo con sangre y ceniza.
Así prosiguieron avanzando otro cuarto de hora y halláronse con viñedos cultivados.
–Fijaos allá, señor.
– ¡Una casa y una torrecilla!
–Es la granja de mi amigo Damoko.
– ¿Se encontrara en casa?
–Espero que si.
El gran Leon Parte 4
Los musulmanes, al distinguir aquellos guerreros, cuyas armaduras no eran las empleadas por los soldados del sultán, desenvainaron las cimitarras para atacarlos. Pero Mico se puso delante de ellos con el arcabuz preparado y, mientras los apuntaba, exclamó con sonora voz:
– ¡Entregaos o sois hombres muertos!
El León de Damasco se hallaba a su lado, con la espada empuñada, a fin de ayudarle.
El gran Leon Parte 3
La duquesa, al no contar ya con el fiel árabe que murió en Chipre por salvarla, al recibir el traidor disparo de pistola que, ya
agonizante, le había disparado el aventurero
polaco, tomó como servidor a aquel valeroso albano, que se hallaba en cualquier ocasión presto a luchar y morir por su señora.
El Gran Leon Parte 2
Haradja bebió el café mando encender la pipa y se puso a fumar plácidamente como si se encontrase en el cómodo diván de una de las confortables habitaciones de su castillo, en tanto que el cuerpo del torturado capitán se hundía en el agua con lúgubre sonido.
El gran León Parte 1
La acción se sitúa tras la caída de Famagusta ante el Imperio Otomano. El valor de los cristianos ha impresionado incluso a sus enemigos, pero la traición y la crueldad de los vencedores han dejado un rastro de sangre.
Las minas del Gran Salomón Parte 10
Aquel hombre cayó a mis pies y rodó por el suelo, llorando de alegría.
-!Insensato! -dije-. !Desollado tenías que estar!
Entretanto, el hombre de la barba negra se había recuperado y levantado, y él y sir Henry se estrecharon las manos con fuerza, al parecer sin decir palabra. Pero cualquiera que hubiera sido el motivo de su riña en el pasado (sospecho que se trataba de una dama, pero nunca lo pregunté), evidentemente estaba olvidado.
Las minas del gran Salomon Parte 9
Corremos por el pasadizo y lo que vemos a la luz de la lámpara es lo siguiente: la puerta de piedra se cierra lentamente. Apenas está a tres pies del suelo. Junto a ella forcejean Foulata y Gagool. La roja sangre de la primera le cae hasta las rodillas, pero la valiente muchacha sigue luchando contra la vieja, que se debate como un gato salvaje. Pero, ¡Ah!, se ha liberado. Foulata cae y Gagool se arroja al suelo para pasar, arrastrándose como una serpiente, por la abertura de la piedra que se cierra. Pero es demasiado tarde. La roca...