Chayo Contigo
La Dra. Chayo Busquets, psicóloga y terapeuta familiar platica contigo sobre la educación de tus hijos, temas de adolescentes y de pareja de una manera, clara, divertida y precisa.
¿Tus hijos obedecen por miedo o por convicción?
Reconocer cuando los hijos cumplen las reglas fortalece hábitos positivos y les ayuda a actuar por convicción, no por miedo. La disciplina más efectiva nace del respeto y la comprensión de los límites.
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Lo que te molesta también puede enseñarte
A veces, aquello que más nos irrita de los demás puede ser una oportunidad para conocernos mejor y reflexionar sobre aspectos propios que también necesitamos trabajar.
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La protección no se toma vacaciones
Durante eventos masivos, como ya viene el del fútbol, es importante reforzar la atención y el cuidado hacia niños y adolescentes. La protección de la infancia requiere vigilancia, comunicación y prevención en todos los entornos.
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La armonía también se educa
La armonía familiar no ocurre por casualidad; se construye con límites claros, disciplina y constancia. Cuando los niños entienden las reglas y las consecuencias, la convivencia se vuelve más tranquila para todos.
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Hazles saber que crees en ellos
Escuchar palabras de confianza y apoyo por parte de sus padres fortalece la seguridad de los niños y les ayuda a creer en sus propias capacidades para enfrentar los retos de la vida.
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Que siempre puedan hablar contigo
Los hijos necesitan saber que pueden expresar sus ideas, emociones y preocupaciones sin miedo. La confianza se construye cuando encuentran escucha, calma y orientación, incluso en las conversaciones difíciles.
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Cada niño aprende a su ritmo
Comparar, ridiculizar o exigir más de lo que un niño puede dar en ese momento puede afectar su confianza. Valorar el esfuerzo y reconocer el progreso fortalece su deseo de aprender y seguir intentando.
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A veces el “problema” no es solo el adolescente problemático
Muchas veces, el hijo que presenta conductas difíciles no es el origen del problema, sino el reflejo de conflictos familiares no resueltos. Escuchar lo que expresa emocionalmente y buscar apoyo en conjunto puede ayudar a sanar dinámicas que afectan a toda la familia.
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El futbol también es para disfrutar
El futbol despierta pasión y emoción, pero no debería convertirse en motivo de enojo o insultos. Al final, sigue siendo un juego pensado para compartir, convivir y disfrutar.
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Los modales también cambian con el tiempo
Las formas de respeto y los modales han cambiado entre generaciones, especialmente en la escuela. Sin embargo, más allá de las costumbres, el respeto sigue siendo un valor fundamental que debe enseñarse desde casa.
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Escúchalos sin ridiculizarlos
Ridiculizar a los hijos por cómo hablan o expresan emociones puede hacer que sientan vergüenza o que sus sentimientos no son importantes. Corregir con respeto y escuchar con atención fortalece su seguridad emocional y confianza.
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No todo es “cosa de niños”
Normalizar golpes, burlas o insultos entre niños impide enseñar empatía y responsabilidad emocional. Educar emocionalmente también implica intervenir, corregir y ayudarles a reflexionar sobre cómo sus acciones afectan a los demás.
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El amor sano no controla
Una relación sana no humilla, no manipula ni obliga. Muchas conductas dañinas pueden normalizarse con el tiempo, como el silencio como castigo, el control o el aislamiento, pero el amor no debería hacerte sentir miedo, culpa o vigilancia constante.
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No les resuelvas todo
Para que los hijos desarrollen responsabilidad, respeto y resiliencia, también necesitan aprender a enfrentar consecuencias y resolver lo que les corresponde. Educar implica acompañar, pero no hacer por ellos aquello que ya pueden asumir.
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Ser maestro deja huella para toda la vida
Ser maestro implica mucho más que enseñar una materia: acompañan emociones, forman personas y enfrentan grandes retos todos los días. Su trabajo impacta profundamente en la vida de los niños y adolescentes, incluso mucho tiempo después.
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Cuando el miedo no se va
Vivir una agresión, un asalto o una situación de mucho miedo puede generar estrés postraumático. Aunque es normal sentirse alterado después del evento, si el miedo comienza a afectar la vida diaria y no disminuye con el tiempo, es importante buscar ayuda profesional.
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Los modales también se enseñan
Palabras como “por favor” y “gracias” son aprendizajes que comienzan desde pequeños, incluso antes de comprender completamente su significado. Repetirlas y enseñarlas con constancia ayuda a formar hábitos de respeto, empatía y convivencia.
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Criar no es hacerlo perfecto
Hoy existen muchas teorías e información sobre crianza, lo que ha llevado a muchos padres a educar desde el miedo a equivocarse. Más allá de seguir tendencias, la crianza con propósito implica encontrar un balance entre amor, límites y acompañamiento emocional.
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Graduaciones: celebrar también implica cuidar
Las graduaciones suelen venir acompañadas de permisos, fiestas y nuevas responsabilidades. Por eso, es importante que los padres evalúen con cuidado el consumo de alcohol y la presencia de hermanos menores, entendiendo que acompañar también implica poner límites y supervisión.
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El origen del Día de las Madres
El Día de las Madres tiene raíces antiguas relacionadas con la fertilidad y el reconocimiento a la vida. Con el tiempo evolucionó hasta convertirse en una fecha para honrar la maternidad y el impacto emocional que las madres tienen en nuestra historia personal.
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Las palabras también dejan heridas
Muchas inseguridades de la vida adulta nacen de frases repetidas en la infancia. Comentarios constantes sobre errores, torpeza o incapacidad pueden convertirse en miedo a equivocarse, dificultad para expresarse o necesidad de no “molestar”. La forma en la que hablamos a los niños influye profundamente en cómo se percibirán a sí mismos.
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Cuando el amor también incluye hijos
Las relaciones cambian cuando una o ambas personas ya tienen hijos. En estos casos, no solo se construye una pareja, también se busca un equilibrio familiar. La adaptación requiere paciencia, empatía y entender que las decisiones ya no involucran únicamente a dos personas.
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¿Tecnología o aprendizaje?
Cada vez más países están replanteando el uso de tecnología en niños y adolescentes. Algunos han optado por limitar su acceso y volver a métodos tradicionales como la escritura a mano, al detectar afectaciones en la comprensión, la concentración y el aprendizaje profundo.
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Las pantallas también educan
La infancia y la adolescencia son etapas en las que el cerebro sigue en formación. Por eso, el tiempo y el tipo de contenido que consumen en pantallas influye directamente en su desarrollo emocional, social y mental. La prevención comienza al prestar atención a los hábitos digitales dentro de casa.
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Proteger también es escuchar
Todos cargamos heridas de la infancia que nos corresponde reconocer y sanar. Al mismo tiempo, proteger a los niños implica hablar de temas incómodos pero necesarios, como el abuso y la violencia. Crear conciencia, creerles cuando hablan y enseñarles herramientas de autocuidado puede marcar una diferencia profunda en su seguridad emocional y física.
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La privacidad también es respeto
Durante la adolescencia, incluso antes, los hijos necesitan construir su identidad y su propio espacio. Respetar su privacidad, su pudor y sus límites fortalece la confianza y les enseña que el respeto también existe dentro de casa.
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Que nunca les dé miedo contarte algo
La forma en la que reaccionamos determina la confianza que nuestros hijos sienten al hablar con nosotros. Aunque una noticia pueda sorprender o preocupar, es importante que sepan que siempre encontrarán un espacio seguro para expresarse sin miedo.
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El favoritismo también deja huella
Aunque no siempre sea intencional, los padres pueden generar vínculos distintos con cada hijo según sus experiencias, expectativas o afinidades. Reconocerlo es importante para evitar conductas que afecten la autoestima, la seguridad y la relación entre hermanos. Más que negar esos sentimientos, la clave está en actuar con conciencia y responsabilidad.
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Tu interés también es amor
Para los niños, sentirse vistos y acompañados en lo que les gusta es fundamental. Mostrar interés en sus hobbies y estar presentes —o buscar la forma de estarlo— fortalece su autoestima y vínculo emocional. No siempre es posible asistir, pero el interés genuino también se demuestra preguntando, escuchando y compartiendo.
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¿Resultados o esfuerzo?
En el ámbito académico, no todos los niños parten del mismo punto. Mientras algunos logran buenos resultados con facilidad, otros necesitan mayor esfuerzo para alcanzarlos. Valorar únicamente las calificaciones puede dejar de lado el proceso, la constancia y la disciplina, que también son fundamentales en el desarrollo personal.
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La educación empieza en casa
La formación de los hijos no es responsabilidad exclusiva de la escuela. Los valores, límites y hábitos se construyen desde casa. Cuando no hay coherencia entre lo que se enseña en el hogar y lo que se refuerza en la escuela, se generan conflictos que afectan el desarrollo del niño y su capacidad de adaptación.
No todo es promesa
Diferenciar entre planes y promesas es clave en la crianza. Mientras las promesas generan certeza y compromiso, los planes pueden cambiar. Explicar estos ajustes a los niños les enseña empatía y flexibilidad, pero no cumplir constantemente lo que se promete puede afectar la confianza y el vínculo emocional.
También necesitan saber que los disfrutas
En la rutina diaria es común corregir más de lo que reconocemos. Sin embargo, los niños también necesitan escuchar que son agradables, divertidos y valiosos en nuestra vida. Expresar que disfrutamos su compañía fortalece su seguridad emocional y les da un sentido de pertenencia. No se trata solo de educar, sino de hacerles sentir queridos en lo cotidiano.
Incluir no es lo mismo que integrar
La inclusión va más allá de una intención o una imagen. No se trata solo de dar espacio, sino de generar condiciones reales para que todos los niños se sientan parte. Integrar implica capacitar, adaptar y asumir una responsabilidad compartida para construir entornos donde la diferencia no solo se acepte, sino que se viva con respeto y coherencia.
Dejar a los niños que ellos aprendan
Los niños no siempre necesitan ayuda inmediata. Darles espacio para intentar, equivocarse y resolver por sí mismos fortalece su curiosidad y autonomía. Muchas veces, los adultos intervenimos antes de tiempo, proyectando frustración donde ellos solo están explorando. Aprender a esperar también es una forma de acompañar su desarrollo.
“La violencia no es genética… es aprendida.
La violencia no es biológica ni está determinada por el género: es una conducta aprendida que también puede desaprenderse. Aunque las estadísticas muestran una mayor incidencia de hombres hacia mujeres, es importante reconocer que la violencia puede ejercerse desde distintos roles. Cuestionar lo que aprendimos y entender cómo influye la sociedad es clave para romper patrones.
La disciplina también se acompaña
Retomar hábitos implica más que imponer reglas: requiere presencia, constancia y acompañamiento. Crear espacios sin distractores y estar cerca mientras los hijos cumplen sus tareas fortalece su enfoque y seguridad. La disciplina no solo se enseña, se construye todos los días con pequeños actos de atención.
Hablar también calma el miedo
Durante vacaciones pueden ocurrir situaciones inesperadas como accidentes, pérdidas o cambios familiares. En momentos así, es fundamental hablar con los niños, explicarles lo que sucede y darles certeza emocional. La comunicación clara y honesta les ayuda a entender los cambios y a sentirse acompañados en medio de la incertidumbre.
Volver a la rutina también es amor
Después de vacaciones, retomar hábitos no siempre es fácil, pero es necesario. Regular horarios y cuidar el descanso ayuda a los hijos a recuperar equilibrio físico y emocional. Incluso cuando piden más tiempo para “disfrutar”, poner límites claros también es una forma de cuidado y acompañamiento.
No se sana huyendo del dolor
Superar una ruptura no se trata de reemplazar a alguien más, sino de aprender a sostener lo que duele. Cuando evitamos sentir, solo posponemos el proceso. Sanar implica entender nuestras emociones y reconocer que lo íntimo también necesita tiempo, conciencia y respeto propio.